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Mostrando las entradas de julio, 2014

julia

Aminoré la marcha. Julia es una seña detrás mío, tengo sus balizas en la nuca, pregonan la retirada o suelta su amenaza: Julia no hace cosquillas. Me temo que es el fin de la tregua. Ahora un espacio gordo y seguro me afecta el agua en las ojeras. Cuando ella baje habrá dejado de llover. Es una lástima no verla mojada, ese cuerpo es una pesadilla que no cree en el amor, y termina deshojando hasta la flor enjuta. Julia no se desdice ni toma prestado: es dueña.

he decidido que la fiera soy yo

¿Será la verdadera cueva la que nos hizo más fuertes? Ahora sosiego por un tiempo, pinto la muralla y salgo a cazar algo temible. No responde nadie a mis gritos de guerra, aunque se ha perdido el hambre he decidido que la fiera soy yo. ¡Es que las heridas del alma son tan viejas! Están tan viejas que se lloran entre ellas. Ya ni importancia les doy, me cansaron de sus penas, sus eructos, y sus caras de inocencia. Digo basta, y que nadie la siga. Hay alguna alpargata de clavos arrepentida en el patio, de cuando corría rápido, de cuando alcanzaba las metas y me preocupaba el tiempo. Allí me hundo contra el fuego y esas llamas me purifican en cuanto me acerco para llenar los ojos. Nada se me derrite ahora. He perdido el cielo hace rato y en lo que siento no hay tamiz. Dejen que venga contra mí el mar y sus años. Yo seré un niño jugando y Él será mi barro.

ellos y nosotros

Si tuviera voz para leerte este poema, me sentirías en el alma, vibrándote caliente, trepando como un fugitivo que ansía la claridad. Si así fuera, aguardaría hasta tenerte crecida y blanca, solamente dicha por las sábanas, que apenas revisten tu humedad. Con las nieblas tempranas estaré cuidando tus pasos, aunque regresen tímidos les concederé la prisa, que simpaticen los labios, ¡que dispensen su estera! baste dormir, cernidos por el silencio que nos hizo ellos .

la afrenta de una soledad suelta

Si a esta soledad debo de cruzarla a nado, volveré a sentir las cosquillas en la frente pero el sol no cambiará más nada que la piel, y eso está bien por ahora. Mi pensamiento es precoz. No así mis brazos que temen, se contraen por cariño y, asustados y sudados, viejos y roídos, recuerdan el valor de un abrazo costero. La hoja que ha seguido en blanco unos cuantos días, es la isla más bella que tengo, y aunque creo saberla de memoria, ahora temo estar hundido en la rima de un poema antiguo. Sigue sin venir. La calma. me ha dicho que la espere llegar en este centro turbulento. Pero me pierdo. No encuentro más de mí que una leve mácula, al sol.

a ese viejo despierto

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No se debe renunciar fácilmente  al árbol que se ha quedado sin aves  No se puede renunciar  aunque se vea cobarde  si el peregrino ha de habituarse  a su paso errante  a fin de regresar  con sus brazos  y sus pechos  llenos de magia. 

donde quedaron las cosas

Ahí han sembrado una semilla estéril. Ahí se golpearon la cabeza los que perdonaron. Ahí se habían dicho unas palabras prohibidas. Ahí cayó la moneda que nadie vino a buscar. Ahí teje la abuela, y entra el abandono lleno de tierra. Allí pasó un dios neurótico. Allí lamentó Caín limpiarse de su apellido. Allí cayó Cristo desahuciado y floreció la higuera tras haberla maldecido. Aquí le ponen nombre al niño. Aquí se engaña y se llora de sinceridad. Aquí también se pronuncian palabras prohibidas. Aquí se ama y se ha dejado de amar. Aquí, en el rincón.

asilo mental

El asilo fue levantado por mi abuela, por mi padre, por mí. Cómo entré en él, no lo sé, pero estoy seguro que de muy niño. En aquél tiempo ya no jugaban los amigos. Corrieron cuando esas olas amenazaron con demoler mi castillo -del que me envanecí frente a todos-. Igual te defendí corazón, a pesar de no saber la resistencia de tus materiales. Continué el muro erguido... Trazaba una línea recta hasta perderla arriba. Tenía que acostarme en el pasto para enlazar los ojos a su flecha. Luego mi vista seguía hasta la luz y no tardaba en quedar ciego por algún novenario. Mi padre vino con la plomada un día, luego de mi ceguera. Él sabía que no podía verlo todo -¡es que yo era tan pequeño!-. Su sombra dividió mis ojos: "Aprende la justicia", me dijo, y yo aprendí a tachar los desvíos, las malas palabras, el humo del cigarrillo. Soñaba con caramelos y despertaba pidiendo el martirio, hasta cortar, con bronca, el barrilete que anclaba cada noche a mi cama. Había amado el refugio, ...

17 segundos

Yo también hice un pozo después del amor. Tuve la pausa, hebra de Las Parcas, en la arena estaba la eternidad, y elegí darle a mi estatua un remedo de esta vida, dejándola caer, liberta.

porque a vos y a mí nos pasa

Dime si tus ojos rumian por alguna ventana. No es porque a todos les pasa. Es porque a vos y a mí nos pasa, en el mismo tiempo, desde el mismo cachete de trapo. Acaso al irte caminando sientas un aire extraño abrazándote la espalda. No pienses que a todos les pasa. Es que a vos y a mí nos pasa. Y si se te caen las penas por la cara, y luego se te cae la cara por la tristeza, y si la tristeza se vuelve toda tu gran historia, ríete, que del otro lado alguien va a calmar sus ojos de derrota con tu vasta gracia.

vanidemos

Daré otro cuerpo a las envolturas que se queme del frío, mas el mío abrazará el alcohol del mundo y gozará de perfecta embriaguez. Aquella mujer removió mis hojas me soltó sus pechos tan hartos de vida hasta viciar mis ojos lactantes. No puedo irme más por su cabello merodea mis derroteros al viento y deja estelas de ardor a mi sexo. Ya observaste todo, reprocha, me dice que no hay nada nuevo. Yo encuentro un depresivo ojo que allí no estaba, y del que no habló el Predicador.

a Lita

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Buenos días Lita. He venido a darte una sonrisa: deseo la estrujas en tus pómulos hasta sacarle una carcajada, deseo que la rías hasta que suelte la gota de amor, deseo que la ames hasta que sean muy amigas... No tardará tanto, te lo garantizo y vibrarán tus ojos como los de un niño que ha podido ver su primera luz, y hallarás el bien sin saberlo del todo, de camino, lloviéndote la vida. Déjame ser el observador de tu momento, esperaré quieto al verlo nacer, y me volverá la fe al cuerpo... Buenos días.                                                 a Mabel N. Starico de Accomo.

un amanecer tardío

Debes saber perdonar si te he robado una sonrisa, mas no han fallado mis ojos cercanos, ardidos en tus frentes y vueltos a poner en línea, en orden, en simpatía con los tuyos, ojos chuecos, ojos divertidos, niños ojos. Debes soltar las alas de la mariposa atorada que espera por vos y mi oración, en el último banco de la calle. No hay sapos merodeando, lo aseguro, ni fríos vientos que desnuden los montes, no hay voces mágicas que te pidan ver la luna ni brazos flacos que intenten ser tu borde. Debes saber hacer el bien hasta cuando llores porque la bondad brota al unirse las manos y entonces debe de haber un cielo de estrechados. La culpa es atrevida y la vida nos guiña pasando no des toda tu fuerza ni te refugies en la primer piedra alza tu vista y ponte en el suelo apunta al cielo si quieres la estrella.

el pozo

Hay un rezo saliendo del pozo Sabe a alma esclava ahumada en noche sin techo mordida por el hambre del perro rosada por dentro y en las palmas muriendo Hay una luz saliendo del pozo Toca la copa del árbol vibra encandilante al cielo corta el escampado en dos partes no desaparece ni en la mente ni en el catre del patrón.

luna no me nombres

Luna no me lastimes porque ando solo. Cierra tus nubes y eclipsa la sonrisa que esta noche me han entregado los pedazos del espejo. Luna no me veas que aquí me quedo. Sea mi hogar el que se marche lejos he de extraviar mis horas por marear este recuerdo. ¡Ahora no te enojes! sé la escucha y sé mi rama sé mi encuentro y en secreto. No le digas a mi madre que he caído al viento y que he dormido triste o que lo sigo haciendo. Luna, por fin, no me nombres por favor no me digas más y déjame, déjame decir adiós.

la vida de ailín

La observé en esas montañas de anónimos, extrañada porque había dejado de sentir. Hermética a los tartamudeos de todos. Santa y sublime en su alma blanda. Pero esa noche salió a desgarrarse con el brillo en sus ojos: el que he visto en los partos más crueles. Se derrumbó como lágrima en mis oídos, y perturbada y muda se dejó trenzar por la incertidumbre. Yo le aseguré que no moriría esta vez, que mi abrigo se haría parte en sus hombros. Ella me encontró sonriendo, y pensó que jamás la dejaría ir; algún amparo tendría entre estos dedos amorosos. Intenté algunos pretextos para vislumbrarla en todo su encanto. Me recibía con la luz cálida de sus pómulos, y allí me hallé deseándole los labios. Cada vez que me acerqué a su humanidad la deseé como a nadie, pero el temor a perderme en sus recovecos, me secó el aliento, y comencé a espiar de más lejos. Noches de calles mojadas me devolvieron generosamente aquellos labios que eché, y que ahora echo de menos. Hasta que mis ojos se cansaron d...

de conversión

Desde la entrada me sigue la mosca. Cae de mí, zumba mi faz, posa aquí, en la nariz. Yo la despejé con una maldición, pero nunca se fue. Ahora me siento extraño, he muerto o habrá muerto, he huído o lo ha hecho. Soy una flor sin polen, me encuentro celeste y quería ser humano.

por el que fui brindemos

Por el que fui, corazón, brindemos. Acaso este sea tu bien. Pero cuánta torpeza traen los años, que hasta se ha dormido tu amor y las tardes cayeron con la inocencia en brazos. Por el que fui, corazón, brindemos. No volverás a ver uno como él. Pronto escriturarán tu despedida blanquearán el menaje que traías para que el otro principie en tu partida. Por el que fui, corazón, brindemos. Por el que seguirás siendo cuando no oigas ni veas ni tengas por la partícula de silencio que es tu esencia, corazón, brindemos.

escozor de un cristiano a medias

Sacristán de los martirios siempre escoltado por placeres mundanos mucho vino y huemules tostados no creyeron los que vieron tus ojos que a tu corazón neroniano le faltaba un dios La tormenta ha fermentado y ha venido a emboscarnos cuando fui a darte aviso Roma había caído ¡repito! Roma ha desaparecido y la interperie nos ha dejado mudos.

fiasco existencial

Alguna vez tuve un guante me cubría hasta la vergüenza pero ahora la mano está herida de sueño y tuve que arrollarla en un puño para lanzarla lejos como el fulano que tiene hambre como el mengano que se ofendió como yo, como yo.

ver que te alejas

en qué estoy pensando

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Estoy pensando que hay días que estoy vestido de blanco  acaricio al tordo aunque lo sienta el más lúgubre  luego regalo a las copas de los árboles  unos cantos bordados de mi abuela  que los tapen, que los mimen,  que rellenen su vacío  Estoy pensando que alguna mentira merecerá ser fabricada  después de todo de verdades estoy empapuzado  y el perdón de verdad es un abrazo de miradas  Cuanto más pienso más hormigas me estarán trepando  porque mi cabeza es suelo y allí bostezan sus historias  hasta dormirme compañeras cosquilleantes  en un sonambulismo blanco