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Mostrando las entradas de agosto, 2014

ella y su sombra en el balcón

Hay un sujeto en la ventana. Se está moviendo. Yo no miento. Es una pequeña mujer, que corta la noche desde el balcón. Una pequeña mujer -que no es una niña- se ha apoyado en las barandas y desafía mi espacio. Tiene un medio rostro en sombra y un ojo desierto. La luz huérfana de esta noche es cobarde y tiembla. Frente a ella se deshace para dejarla pasar. Frente a ella y detrás de ella, temiendo también a su sombra. Ahí vi su sombra. Me engaña. ¿Esa es la de ella? Habla tan poco que parece ajena. Ella sí me es ajena. Inasible. Fui condenado con su altivez. ¿Qué hay de ella a esta simple vista? Ella y su sombra me intrigan. Ella y su sombra complotan. Ella y su sombra , en el balcón: mentiras.

del peregrino y su rastro

Estoy caído en una calle sin ramas. Me ha anunciado tu campana que anduviste cerca, que me espiaste durmiendo y me viste con las mujeres que no se nombran. Vos eras mi amuleto suspendido en las ventanas, y el nombre de todas mis cosas: vos eras las primeras y las íntimas. Pero el amor se ofrece a los coincidentes, y con el paso del tiempo dejé de confiar en su quietud. Me desespero por el ave que vuela, y lo que entrega parece santo; parece tanto como el mundo, parece como vos y como yo, en imágenes. Desde mis espaldas se crea el remolino. Visualicé la rama y la espera; soy el peregrino que despierta y con esa nimiedad funda su juego. Encontré un destino también, -tarea esencial del hombre- y aún más allá te tuve en la ventana: parecías mía.

longevidad

llamame cuando tu palabra aúlle en vez de besar y te asustes del cambio si el amor no vuelve a causar tu sangre llamame con vos y veremos lo que pasa hay un suspenso necesario para serenar nuestra forma tal vez dejemos de buscarlo en el futuro y seamos sensatos con el paso conozco un lugar donde nos sabremos pequeños y lo oscuro volverá a tenernos juntos

el desvelo de la flor

danza en el agua y el agua le cae encima percutiendo su faz deshaciendo su forma secretos modos de encontrarse y decirse        despliega la sonrosada  estrella        no  se estropea mas se deslizan         por ella las gotas del tierno dia                  ese cáliz dormido                   hinchado de vida                                 i                                m                                p                                e                   ...

historias del aire

¡leamos al aire! te lo imploro compañera podemos descansar juntos y compartir sus historias dulce nata que retorna al oído diestro y atento que desea dar su voz repatriada mas dispersa aun ¡leamos al aire! se embellecen nuestros rostros con la pureza del infante con el sabor de un viajero consiente al latir blando que ahora anida en tu pecho junto al elevado astro el vibrar perpetuo ¡leamos al aire! conozcamos el rumbo de aquellas piedades para con el hombre baldío leámoslo, ¡te lo imploro! dirigiendo nuestras manos unidas manos contadoras de historias del aire

desde mi puerta

Silencié los pasos hasta la salida. Todo dormido, y ella vivía en el colchón.  Vivía, respiraba,  lo percibí en sus pechos desnudos. La mano invisible  la había depositado ahora hacia un costado,  parecía verme fijamente.  ¡Ay! esos párpados  como las sábanas de la noche,  apenas podían albergar la belleza...  Yo, vestido con lo adecuado,  me sentí un hereje. La puerta se alzaba  y crecía cuando llegué.  Ahora no estaba seguro  si esa era la salida, o la continuación:  me llamaban de adentro,  me llamaban de afuera;  mi frente contra la puerta  y mi cuerpo corría hacia el centro,  hacia ella en el silo inerme,  en ese altar blando,  soltando y revolucionando la calma. A la salida no pude comprender,  pero me había despedido.  Me fui con sabor a derrota.  Me fui erguido,  controlando la savia,  lleno de mentiras.  La vida quedaba atrás,  lo supe.

el ojo cautivo

Imagen
tres besos fugaces dos estrellas en la boca y Sirio mirando al fondo del techo su carne se desplaza con confianza en las sombras espera al acecho del ojo cautivo del salivar incontenido del secreto no hay molduras y la niña abandona los esquemas hasta ser ella misma una princesa tres besos fugaces pasaron y Sirio ya ni alcanza a ver nada

tenés tanto de mí

Tenés tanto de mí. Y es injusto que tengas tanto de mí. Pero yo no puedo ya sacarte nada. No llores, que se me atragantan y se me empañan mis ojos tuyos. Donde el llanto pasa he dejado estos besos en otro tiempo, ¡un ejército! para que no se acobarden con tanta agua. Déjalos nacer de nuevo desde las mejillas. Siempre que el frío logre rozar tu naricita blanda, una mano abierta, como el sol nuestro, bordeará con la palma, suave remolino, las esquirlas del invierno. Tenés tanto de mí. Y es injusto. Pero yo no puedo. Y seguís en mi corazón. Y seguís bailando ahí.

aquella luna gibosa

aquella luna gibosa que bailaba y bailaba entre las copas aquella luna del monte parece un párpado inmóvil a punto de ocultar o ver el callejón aquella luna gibosa que lloraba y lloraba sobre el río caminó hasta la fuente cuando todos quedaron dormidos y buscó su rostro sin terminar aquella luna gibosa que canta sentada en el valle contagia su piel al caminante aquella luna mimaré desde un suelo distante

vos, tornado

vos, tornado estúpido quisiste tenderme por siempre y solo he caído una vez pero ahora lleno de sangre y de furia te reto a devolver los destemples en la guitarra llorona los taconeos irritados y el cabello mojado que percute dos ojos de fuego esta mirada lejana de niño olvidado de gitano arañado que sabe bien de donde vino sé del olor de mi tierra y llego a casa pronto porque desde mis venas abro el camino haz la prueba gírame y ve mis ojos siempre negros siempre flamencos.

nuestro cuerpo aliado

ven dulce niña ¿a dónde iremos esta vez? no veas a la noche porque aquí está mi mano aun de lejos te estuvo esperando ven amor mío te besaré en la frente en los lados que he abrigado para cuando el hambre y el frío me dejaran volver a verte vámonos de la mano mi dueña escapemos de la gente y saquemos las sonrisas refugiadas y más toallas y más toallas en nuestros cuerpos descansados y luego nuestro cuerpo aliado seguirá despierto hasta que se pierda el suelo ya no sabremos donde ir y nos quedaremos quietos de la noche.

cartas viejas

Las ví, y todavía sonaban, como si recién las hubiera parido la puerta, selladas por un viaje de no se cuántas manos. Tenían un nombre -como todas las cosas- largo y despiadado, y eso es un aroma particular, que lo volví a reconocer ahora también. Parecen ruinas erguidas luego de inviernos erosionadores. Después de haber soportado el deterioro de las indiferencias, no mutaron, permanecieron fieles a su tiempo, leales a la marea de significados dispersos en su seno. Casi las comprendo, pero hablan de otro yo. De alguien con los ojos mozos y el tacto impúber. Me aburren. Desperté habiendo soñado mi niñez. Toda mi niñez tendida en una pequeña noche de gracia. Miro las cartas sobre la mesa y están intactas. Desde la almohada se sienten sus aromas, viciadas de aquellas cárceles. Aun me siento libre y descalzo, comienzo a andar el pasado, el del sabor agridulce. Ellas son culpables, pero nada de ellas descarto porque quiero todo de mí. He descubierto mi propia vejez.

mi alma en el cordón

Testigo del invierno que ha venido a desolar la calle tardo en respirar esperando que mi alma descongele poco después me perderé en el único farol vivo de la cuadra bebiendo un tango amargo que me aplasta en el cordón Alguna vez miré para las vías pendencieras vi pasar el pueblo entero allí todo huido, todo viejo por poco me fui pero mi alma en el cordón se calentó

el espíritu que canta

Puede vivir allí aunque no lo nombre: el espíritu no duerme ni esconde su tamaña perla solo sigue y seguirá Está desasido del resto lo que ha mutado Se perfora en el espacio neutro y eterno Pero puede ser pobre y es la más triste de todas Pero puede ser libre y es la más noble El espíritu canta y entona al alma del cosmos

la vereda del antes y el por qué

el francés

Vengo de pequeño comerciando amigos, pero a este fiel no lo diferencio de mí. Es alto y fornido, tiene bigotes rizos que hacen acrobacias cuando corre -él corre mucho- y yo me divierto de él. Mis padres no creyeron cuando les narré nuestro encuentro, y rieron piadosamente mirándose entre sí. Hemos caminado muchos pasillos, nos reunimos con los perros que espían, y cazamos lunas y cosas que brillen. En aquél tiempo era más alto que yo, hasta se mofaba de ello, pero me faltó crecer, para que seamos iguales y nos empujemos con la misma fuerza, aunque yo no tenga bigotes. Lo más real de una amistad es él: el francés, mi perro imaginario.

todo lo nuestro

Todo lo nuestro, fue nuestro. Todo lo nuestro antes que lo digas. Las pestañas de mi nombre, la sonrisa al mediodía, el rouge de tu caricia, las ventanas desvestidas. Y el atardecer. El atardecer que doró hasta nuestros años. De todo esto hablo. Y todo esto fue nuestro. Y todo lo nuestro una mentira.