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Mostrando las entradas de mayo, 2014

yamilén reposa tranquila

Yamilén reposa tranquila y en su catre de rumores pálidos nadie podrá esposarle el sueño el que encendía de sus ojos zarcos en la simpleza de mis cantos hueros.

dos baldosas

Reza la blanca calavera, Reza alto y viendo al mundo, con manos quietas, el corazón encendido de rabia divina y redentora misericordia. Piensa en las dos baldosas que lo distinguen del negro que tiene detrás, sentado en el suelo con el culo frío, el cuero en piedra, el corazón encendido y las manos quietas. Reza que no se pierda mas tenga vida eterna piensa que al menos pedirá en calle de perlas de seguro el sr. Salvado no dará ya con reserva y contento con su ceguera, caminó rezando, pero tapándose el pecho.

once centímetros

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Mi piel despide vapor desde la sangre. Aislado entre el polvillo centelleante y la ventana mis ojos extáticos reconocen tu oscuridad. No estás más que a once centímetros en el mismo suelo donde morimos de amor anoche.

quisiera morir con el amor a mi lado

Quisiera morir con el amor a mi lado. Mirar por última vez, y rendirme a la ignorancia, volver a beber de sus ríos para caer en el olvido, aunque eternamente sospeche de haberlo bebido. Quisiera vivir para asegurarle que existo, y que lo hago por su espera. Regresaré y brotaremos juntos, hasta que una mirada nos vuelva a embriagar, hasta que el silencio a mis espaldas, me lleve la vida. No temeré a su salida, ni tendré miedo a quedarme frío. Y partiré hacia el sol buscándome en el vuelo. balbuceando caeré con las sobras del soneto en desuso. No me hallarán ya como antes, envejecido junto a la tarde. Seré para quienes han caminado hasta el fin, para los que se perdieron conmigo.

la amaba

La amaba. La amaba en la lluvia y en la esquina, y en el sueño perdido. La amaba en la tarde,  la andaba amando. La encontré queriendo, porque la amaba. Porque aún la amaba entrado el invierno, o adormecido de miedo, o simplemente volviendo. Pienso que la amé desde lejos, flagelando el deseo, convertido en asceta o autómata o reo. Y al volcarnos por vernos, nos amamos desnudándonos y en silencio. Hicimos la canción cuando amanecimos niños, aspirando a ser esencias, aunque sabiéndonos perdidos. Y ella rió. Rió desconsolada del hormigueo pegajoso del amor. Rió hasta morir. Pero murió conmigo: con nadie más que conmigo, es decir, junto a mí. Y aunque me fui diciendo que no volvería a amar, luego, cuando pille nuevamente al niño dentro mío, correré a la lluvia a la esquina, al sueño, y por poco volveré amando.

adán

Bebió de la noche su almíbar más viejo hasta que el cielo se le volcó de los ojos y gritó las primeras palabras al vacío sin que hubiera nadie para oírle. Su voz vibrada se hizo un canto reído y llorado por abuelos al calor del fogón, con el fuego en sus rostros, lamento desgarrado del corazón valiente y solo nana que hace dormir a muchos pequeños que ni eso saben oír todavía.

cuando estaba en mi vida era distinto

Cuando estaba en mi vida, era distinto, y volvía cada noche con su sonrisa en mis ojos.  Tristes ahora, quieren evitarla, pero ella vence mis intenciones de olvidar. Sus labios me sintieron destruirle, y el blando juego de sus manos me entregó a su prisión. Es que no lo entiende, yo no trato de explicarla, porque la disculpan mis deseos de tenerla una vez más. Así es que mi única identidad se alió con ella, y relajada en el intento de librarse de mí, ese descanso que solo se siente en el alma, supo situarla bien resguardada; esas ventajas de irse primero. Donde comienzan las ausencias me detuve a insistir que vuelva, pero pronto su indiferencia acabó con mi valor y advertí unas lágrimas perdiendo el equilibrio. Su sabor dulce enviciaba mi boca. En cada despedida me resignaba a tener que privarme de ella por algunas horas, sus besos continuaban latiendo en mí, como una vela cercada con el aire de lo amad...