cuando estaba en mi vida era distinto

Cuando estaba en mi vida, era distinto,
y volvía cada noche con su sonrisa en mis ojos.  Tristes ahora, quieren evitarla,
pero ella vence mis intenciones de olvidar.

Sus labios me sintieron destruirle,
y el blando juego de sus manos me entregó a su prisión.
Es que no lo entiende, yo no trato de explicarla,
porque la disculpan mis deseos de tenerla una vez más.

Así es que mi única identidad se alió con ella,
y relajada en el intento de librarse de mí,
ese descanso que solo se siente en el alma,
supo situarla bien resguardada;
esas ventajas de irse primero.

Donde comienzan las ausencias
me detuve a insistir que vuelva,
pero pronto su indiferencia acabó con mi valor
y advertí unas lágrimas perdiendo el equilibrio.

Su sabor dulce enviciaba mi boca.
En cada despedida me resignaba a tener
que privarme de ella por algunas horas,
sus besos continuaban latiendo en mí,
como una vela cercada con el aire de lo amado.

Y sus besos laten aún ahora
que duermo sin ella.
Sentiré de cerca su cuerpo
y la inocencia de su piel
como si fuera mi última espera,
que censura, que me condena,
en esta plena reclusión.

En ese entonces hallaba mis huellas
sólo detrás de mí,
pero he descubierto
que se han convertido en mi andar,
una señal de que siempre estuve allí,
aunque antes, fui distinto.

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