no sabemos
no sabemos nada puede ser blanca la tormenta como el humo que escala el fondo del valle o tímida como tu mirada cuando eras niña pero vendrá a desacomodarlo todo y no sabemos cuándo ni qué no sabemos si seguiremos aturdiéndonos con sonares nocturnos cuando enfoca el oído en la garganta inmóvil del pensamiento o si habrá lluvia plena en la mañana que nos humedezca la panza el aire en los pómulos las ganas todas las aventuras del sol en la punta de tu nariz o si correremos el riesgo de aburrirnos juntos como grandes amigos y decirnos con las manos unos milagros impresionantes a favor del calor de nuestro sexo pero no sabemos nada y en esa fragilidad hay otra respuesta no tan clara como la que se cuenta más osada y más vital la posibilidad de un amor imperdonable