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Mostrando las entradas de febrero, 2015

esperanza del beduino

Porque la luna te ha devuelto, amiga mía, invicta y preciosa. No hay discordia con su voz, ni con su fábula de diosa fría; vino solo a mostrarte, a leerte en mi propia mano sucia, vino apagando las luces para que aparezcas, por si yo no esperaba más que la noche, por si el enojo me clausuraba el alma. Ni el prejuicio hondo, que permanece furtivo, vacía todas las imágenes como lo hacés a cada tiempo, con tu mínima danza delante de mi pestaña tiesa, con tu coqueteo maduro que cercena toda palabra. No tengo defensa por lo que seas ahora. Hacé tu ceremonia, prisma blanco, rocío precoz, y bautizame esta boca árida, tapada en años.

suspensión

Yo le dije ahora la suspensión nos dejará sin motivo Hallé las olas mansas, las grutas y el banco de arena, como un bote hundido por la proa. Pronto dejarían de estar  la intensidad del verano, del amor del verano; el cielo del sur, la estrella del cielo del sur; una flor en la bajada, extendida como una cola ataviada de vida. Y el adiós fue un desmembramiento silenciado, un paro súbito que desorienta, que baraja al revés la vida que me pertenece. Lejos tengo su luz manchándome la pupila, un largo motivo para encontrarla, y callarla y tapar mientras nos suspenden los grillos, en la habitación que nos guarda del resto.

la lumbre y las cosas tuyas

Imagen
Supimos que la calma, la espaciosa calma, fue la que nos mantuvo aquel día como si no hubiera otro. Después, se deshizo la hoja, acabó la nube enrareciendo el aire, enrareciendo el aire. Y subiendo la meseta se vio el valle vaciado, y las luces de otros pueblos que alarmaban el cielo. Quiero, yo quiero la lumbre y las cosas tuyas, ¿volverás a secundarme con la misma sonrisa? El gesto partícipe, imperturbable, ¿seguirá bebiendo las mismas tardes? Rememora la dicha, corazón, porque éste es tu sol escindido que sufre la palabra.
Retorna grácil alondra llega por el mármol de esa tarde  soy un bebedero insulso ahora que la flama de tu canto es un terno envejecido  retorna como la memoria  anegada entre las canas  la rama ha estacionado el aire  mesías te han proclamado  yo prefijo tu vuelo el amor de tus vainas libres  despuntando concordes 

paliativo

vos viniste a la arena las brasas dormidas yo sin nombre la manta encendida ha perfumado la noche trenzás en mi frente un suspiro inflamado una rienda impía un deseo invencible capaz de consumarlo todo muero flota en la aurora la extrañeza de un viaje vano forzoso terrible solo me incorporo cuando la fiebre ha comenzado a lastimar la soledad

con frío y sombra

Un espacio mejor, más nítido, que te vincule a mis hechos, a mis grados de confianza, al suspiro médico que mece el cortinaje cuando impido la palabra, la claridad del día, y golpeo la mesa con tuviésemos, con fosas mohínas, con frío y sombra. No soy malo si intento disuadir una lágrima tuya, que no alcanza o no tiene, que ha manchado tu entereza con ojos cenicientos, y también calla: escondo en mi pretexto, una luciérnaga perenne, una pluma final, que ha de ludir, siempre, en el semblante caído, en nuestro espacio de frío, ¡oh, hermosa creatura!, a nuestra tibia humanidad.