esperanza del beduino

Porque la luna te ha devuelto,
amiga mía,
invicta y preciosa.

No hay discordia con su voz,
ni con su fábula de diosa fría;
vino solo a mostrarte,
a leerte en mi propia mano sucia,
vino apagando las luces
para que aparezcas,
por si yo no esperaba más que la noche,
por si el enojo me clausuraba el alma.

Ni el prejuicio hondo,
que permanece furtivo,
vacía todas las imágenes
como lo hacés a cada tiempo,
con tu mínima danza
delante de mi pestaña tiesa,
con tu coqueteo maduro
que cercena toda palabra.

No tengo defensa
por lo que seas ahora.
Hacé tu ceremonia,
prisma blanco,
rocío precoz,
y bautizame esta boca árida,
tapada en años.

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