Si tu larga mirada dejara el mar, comprenderías que no estás con la gaviota, con la vela de aquel bote, que no estás en otra orilla. También he alejado mi sombra a veces, persuadido por el merodeo de las olas, esas no llevaban libertad en sus fauces. ¡Pero no seas ingenua! el mar blanco no trae señas, ni es el camino apropiado. Haz que tu larga mirada venga a ejecutar todo el silencio, y con esos decires lo reverbere, hasta desestime la sal, los años mozos, de mi asiento azorado por la algarabía de las bandadas. Nos volveremos perlas gestadas en arena y sol, algunos peces luminosos se reunirán a indagar nuestra peculiaridad, que es tiempo rebasado. Siempre que un sueño épico contorsione tu cabellera, besaré también la etnia extinta, la primavera toda para mí, la isla que nos supone juntos.