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Mostrando las entradas de enero, 2015

tu ventana

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Yo soy  el que custodia tu ventana,  hasta los demonios  ahuyento con mi gracia,  e imagino tu faz complacida  en el mosquitero.  Es de la noche   tu ventana,  pero cómo abre  para despertar,  para dar al día  la victoria.  Combato, quiebro y  muero,  por ver tu florecer  en paz. 

el almanaque

enfrenté al papel de tu nombre postizo a su ponzoña lo presencié alterado como una bandera terca y vencida en la altura se deja sentir espía de las horas mal acabadas pero no vacilo ni lo reverencio lo acuno en un mañana mejor

diría que sí

diría que sí uno dos diría sí que el oído sagrado sos vos la guitarra sentada continuada en el fondo sino quién llora en fa menor despacio que el objeto es rebelde la ira no merma se transformará en piedra en piedra combustible que consume cualquier arte esta frente persignada bahía de espera trunca es y un muro con densos epigramas de mortífero olvido gruta sangrienta donde el talón se abrió por primera vez

el ardor

mujer amante de las alas camíname los labios deja allí tu sal que late en mi sangre por el amor o el hambre inquiétate hasta que ruja mi cabeza y el incendio se eleve a las cortinas que nos esconden miserables a tu lengua la aprendo en las aguas con dedos húmedos y collar de estambres porque quiero escribir lo que dices elfa lo que tus tormentas tus riscos tus sañas estornudan y son mariposa que viene a serenar todo el ardor

no vine para quedarme quieto

No vine para quedarme quieto, mi alma se ha movilizado, no le satisface tu gran verdad. Ha oído algo por allá, un aullido lejos que cae torpe desde algún pasado, en una botella mensajera tirada a las aguas. La distingo con la primera marea como la tarea de una luz intermitente. El problema es que no, nunca emprendí el nado, y me he quedado esperando. Ahora me descubrí sumergido, sangrado, con los pies hundidos en vaya a saber qué vidrio. Necesito ese mensaje conciliador de mi alma: leeré sus párrafos, si es que los hay; tomaré el papel atribulado, si es que siquiera hay papel adentro; creeré en su esencia, si, y necesariamente si, eso que veo sigue siendo la botella que flota, o una gran mentira.

náufragos

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Si tu larga mirada dejara el mar, comprenderías que no estás con la gaviota, con la vela de aquel bote, que no estás en otra orilla. También he alejado mi sombra a veces, persuadido por el merodeo de las olas, esas no llevaban libertad en sus fauces. ¡Pero no seas ingenua! el mar blanco no trae señas, ni es el camino apropiado. Haz que tu larga mirada venga a ejecutar todo el silencio, y con esos decires lo reverbere, hasta desestime la sal, los años mozos, de mi asiento azorado por la algarabía de las bandadas. Nos volveremos perlas gestadas en arena y sol, algunos peces luminosos se reunirán a indagar nuestra peculiaridad, que es tiempo rebasado. Siempre que un sueño épico contorsione tu cabellera, besaré también la etnia extinta, la primavera toda para mí, la isla que nos supone juntos.

el puente

en el bache del puente maduran amores olvidados de tiza crayones ladrillo carbón creo que les faltó paciencia fueron dejados en el vacío hablo de la unión con la isla a mitad del camino incluso el mío sigue con su voz telepática voz que regresa y me hago el desentendido agarro un pucho lo prendo y hablo con escarbadientes en la boca con la mirada clausurada de un adulto ¡ah! si pudiera detener el pestañeo como en esa cándida tarde ya el sol se curaba en el durazno el río nos salivaba los pies y la dama de lunares resistía mi calma un beso no bastó para decir muchas cosas tomamos un carbón sujetamos el puente crujimos la viga hasta que cediera a nuestra fecha entre todas ellas y fue la tarde y la mañana del último día
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Alguna vez la reviví  con el amor en puertas me di cuenta  de la seriedad de sus alas que traían el aroma de un río excedido me di cuenta  que conservaban aun la promesa del amanecer como el canto de una madre me di cuenta  del fuego que se nutre con cada una de sus pieles que pasan y se barajan luego vi  no la desolación sino la tristeza del otro que alberga una cicatriz como el resto de una peña desechada y la detuve en mi mano en mi beso en un paño insuficiente del pardo racimo de hojas muertas  despejó su verde despejó las gentes de mí hasta hacerme un hombre claro que amanece con el amor y vuela.