Alguna vez la reviví
con el amor en puertas
me di cuenta
de la seriedad de sus alas
que traían el aroma
de un río excedido
me di cuenta
que conservaban aun
la promesa del amanecer
como el canto de una madre
me di cuenta
del fuego que se nutre
con cada una de sus pieles
que pasan y se barajan
luego vi
no la desolación
sino la tristeza del otro
que alberga una cicatriz
como el resto de una peña desechada
y la detuve
en mi mano en mi beso
en un paño insuficiente
del pardo racimo de hojas muertas
despejó su verde
despejó las gentes de mí
hasta hacerme un hombre claro
que amanece
con el amor
y vuela.
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