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Mostrando las entradas de noviembre, 2014

una almohada por el medio

entre tu oscuro pensamiento y mi camisa amarilla suelta la razón de evitar la mano desvergonzada ahora está calma en un costado al compás de espesos humos salen expelidos, se quedan en los ojos prendidos irritados de sangre aun esta almohada el último muro de tu independencia hace preguntas
a veces soy la ojera (lo sé) a veces la lágrima también un rostro amado ahora soy perdones que caen sacudiendo el labio y terminan liados bajo muebles derruidos

el cielo de los dos

Hay un cielo -un pequeño cielo- hecho con las témperas que ninguno de los dos quiso llevarse, y que dejaron, al igual que el barrilete, fabricado con sus miradas feas y otros viciosos golpes, pero que vuela, vuela y vuelve zigzagueando. Ya no siente los antes como males, porque lo tientan a risa. Ahora que alza el rostro, se le descubren los dientes faltos; tiene el codo doblado en la rodilla, y aplaude dominado por la conquista: por el amor de su pasado, por comprenderlo al final con esas pupilas deshabitadas, sin brillos ni ecos. Ella está subida a un banquito, de madera y cuatro patas, siempre hizo uso de él; con la piel nieve cada arruga vuelve a la vez a zigzaguear como el barrilete, que se ha detenido a observar en un pequeño cielo indemne, con las manos manchadas de témpera azul.

un beso en la frente

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Nunca olvidaré el momento cerrado de sus ojos, que custodiaban mi aurora boreal. Sabía de la cadena abigarrada, de los siguientes focos prendidos, de la partida de su boca, pero elegí su frente para el sedimento de mis labios, para el beso cadente, incontenible, que soltó las luces y detuvo la noche. Y hablar de esto es preciso, es preciso salvar la aurora, porque todavía existirán, aún seguirán insistiendo, sus frentes en mi beso.

ojos de noviembre

Una gota he apresado entre los pliegues de mi enojo. No va a soltarse, en tanto ordené me vuelva ambiguo. La angustia reina ese camino hacia la pupila, de unos ojos inescrutables que no miran lo que están pensando.

parecés de antes

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parecés de antes  parecés un circo sepia con payasos tiesos en la puerta  que espantan pajarillos  parecés el viejo de la bolsa  -aunque nadie supo nunca cómo es-  pero en tu bolsa llevás tortugas que duelen  parecés el renacido  un crío de la humedad  del paraje sombrío  con el aire de triunfo  a veces te agarran las olas  los pantalones  pero tu voz cascada  ha negado tres veces  al señor del amor  y después  y después  y después  ¿también vos morirás solo? 

costado de mujer

Despierta. He acomodado mi frío, mi rareza y mi conmoción, en el ala izquierda de tu bondadosa figura, y el sol, ¡ah! el sol se ha vuelto atardecer sin que nos diéramos cuenta. Si despiertas verás que no hay engaño, que soy únicamente yo, y el romance de un verano que me sigue haciendo efecto. Despierta y no acobardes tus ojos. Siémbralos en la faz de la almohada, como antaño me los entregaste, en las palomas del miedo, con esa lumbre y esa espera. Escribo, para tener el pulso necesario, para rasgar los abrazos que cuelgan todavía, para despertar diciéndote el secreto; escribo, decidiendo con las manos, tu costado de mujer.

pandora (con Ana Laura)

no es lo que hablas seria o estúpida ni lo que esconden tus ropas ni cuanto conozca yo tus adentros son tus ojos rutilantes que desmayan rezos tuercen la línea espiralada de argumentos caídas inmerecidas o mentiras piadosas que arrebolaron en otro tiempo mi pálida inocencia que incendiaron mi marea  ninfa siempre estaré en tu vuelo  en tu pelo y estela brincando saciando ese nombre maldito soplando el azúcar ovillándote el cabello deja abierto tu costado para sumergirme en ese fértil valle voraz y dulce me aproximo antes habiéndote bebido te reclamo como el cántaro al agua en días de lluvias prefiero tu verde o tu ala o a ti toda junta desde la barbilla a tus encantos y de tu iris al infinito.