Entradas

Mostrando las entradas de septiembre, 2014

a la dueña de ese rostro

Estuve al borde de tu mirada; la ondulación de esa pestaña me produjo un vuelo particular, e imagino el resto. Jamás conoceré la verdad de tu rostro. Él, junto con el sol y con la ventana, coincidieron en la falla, el milagro: el azar, como el rayo prófugo desde las nubes que espeja la gota cayendo ¡al mismo tiempo que también yo lo intercepto!. Sos tierra de almendros. Sé que tus ojos gotean la miel, y tu pálida piel es un canto virginal; rosados tus labios que no han besado más que la luz y las heridas de un niño. Y allí quedé. Quedé estancado en lo quieto: vos te seguiste moviendo, con todo y con tu rostro.

la posible eternidad del hombre

porque el papel es mi nuevo piso fértil descaro y cobardía fermentan en él: latosas marchas de protesta y el rezo más silente porque el papel es mi nuevo piso fértil acabaré con todo lo que en él no quepa lo que no lleve nombre historia o prisa será ignorado como hace la muerte la muerte prefiere al verbo lo interna y crucifica por dentro no hay ningún tercer día ni voces que de éste den cuenta el hombre queda así solo reducido a la palabra al papel que siempre ha sido un piso fértil

donde la ceguera es mi bendición

sí de algún modo siempre miré hacia ese costado a la cortina que antes dejó pasar más cosas el aire azul entraba y al despertar salía arrebolado pero mi cuaderno seguía en blanco de rabia  de susto de nada y gracias ahora al menos hay un tachón sobre la cara que más me gusta a pesar de que no explico y no saber angustia por la cortina miré hacia ese costado amenacé de soltarme con el viento pero estoy a una distancia insalvable -tengo entendido- con lo que percibo vuelvo de aquí en más elijo distinto lado donde la ceguera es mi bendición

mi último cometa

mi último cometa partió haciendo eses de cerca no es más que un pretexto para volar con otra forma

aleluya

Imagen
Abrir la mano, el hueco blando,  para tener allí el sueño  hasta que acabe el canto  ventilado, incierto,  del árbol damasco  a sus tersas criaturas.  Despegar del suelo a los caídos,  a los que creen haber perdido  su lustre. ¡Que duerman conmigo!  Habrá tiempo de soltar las sogas  por vislumbrar al pequeño ser,  y ese manto, que no es día,  nos tendrá a todos.  Porque pura es la cepa,  y un canto bendito. 

al despertar

Colmado de afán, saciado de tristeza, oh, dulce amanecer, del eterno sueño despiertas. Tu suave ósculo, llega enarbolando para mí una docena de extrañas telas superpuestas. Narciso y lento un sol, plomizo al descubierto el rostro, te adoro, y tapando un ojo espero tus bienes.

fotos ambarinas

Imagen
Todo ocurrió en un mundo anaranjado. Los paseos por mi cama, el remontado vuelo de nuestros ojos al ras del suelo tibio, el encierro del que sus brazos me hacían cautivo. Eran fotografías ambarinas, calidez de un otoño con todas las hojas caídas que amortiguaban nuestras argumentaciones, nuestras guerras de razón: nuestras pérdidas de tiempo. Gozaba quedándome ahí atrapado en su piel, casi sin respiro, metiéndome siempre que podía en sus miradas desviadas hacia todos lados. Se asomaban de vez en cuando débiles palabras queriendo afirmar lo que nuestros corazones creían saber. No sabían nada. No nos conocían. Ellos estuvieron adictos a ese sabor empalagoso que de un día para otro se nos regalaba, ese sabor que suele confundirse con el amor. Menos mal que al tiempo nos dimos cuenta, pero quedan los rescoldos de la existencia unidos. Son sombras que juegan con mi luz. Ésa que disimula al estar muriendo. Son pétalos. Pétalos secos que se desprenden en el libro de la memoria. Fragmentos...

amantes

ella  él aparte se viven y   van perdiendo así las vidas

a Isabella

Niña que callas, niña que duermes, niña te cercan los goloritos. Cuéntame niña cuánto has viajado, de aquella Luna hasta tu nombre. Niña del sueño, reinas mis ojos desde tu catre, siempre soy tuyo niña que mamas y pronto corres; entíbiame la vida.                     de Isabella.

amor de los acantilados

Imagen
amor de los acantilados amor que te salvas de la tarde y fecundas la palabra mía tan pasada tan promiscua amor descabellado amor que te atreves a evadir al centinela y amedrentas al león en la arena amor que emancipas del cuerpo al alma di mi nombre entre los tiempos guarda en tu seno los silencios restantes y ahóndame en el viento amor que beatifica la memoria  giannistabile · Amor de los acantilados - versiculares.me

las velas que no arden

La noche, que está escondida desde siglos, apabullada por las carcajadas de los noctámbulos, los expertos en enamorarse, los gatos llorones, sale a mi encuentro como en un filme de horror que todo condena al silencio. He mirado hacia los costados, en las sombras más espesas: no hay nadie allí y la mirada se vuelve a extraviar. - ¿En qué pienso cuando pretendo asir lo que pienso? Me enojé conmigo mismo por no correr a un papel en blanco y abatirlo con el remordimiento. Otra vez, muy lejos, las carcajadas huyen despavoridas de las cosas prendidas, y yo, que he caminado a paso lento -me lo he impuesto-, tropiezo con todo. Las velas que han dejado de arder hace tiempo, brillaban mientras mi padre, con su voz fatigosa y las manos secas de cal, construía para mí los castillos y calabozos extraordinarios que solamente pueden existir en una mente indefensa. La senda rasa se tornó un camino sinuoso, y más allá, derivó en suelo minado. Escribo con sangre mi única lectura digna -según el pr...

de regreso

Imagen
Veo en el agua tranquila esa bondad celestial,  cual colchón de amaneceres crecidos;  tal vez su piel ya estaba incluída en mis sueños.  Veo mis pies formados de tierra,  desfallecidos por volver a ella,  a ese invierno de caramelo  zambullidos en la cama.  Veo sus parpados abiertos  como dos pimpollos amantes,  y ese es mi final, este final,  de ninguna manera desierto,  mas bien colmado de pétalos azules  que nos miman,  brisa dulce en la calma de la tarde,  y el calor de sus besos enamorados  agradeciendo mi regreso. 

verás, mujer

Verás, mujer, que el cielo se ha estrellado a fin de que encuentres su nombre y fiel lo acaricies Pues subirte a la torre que te lleve más dentro o pararte cerca o andar a ciegas aún soltar el viento de tus largos cabellos mientras despegas con esa hamaca en vaivén absurdo es Pero el espacio que miras, cada vez más negro será tu camino sabido tu atajo oportuno de tanto andarlo despejarás el mundo con tus perdones y labios benditos Satisfecha en cuanto pareces descifrarlo criarás una flor que lo encienda Y verás, mujer, a un cielo estrellado ahora si tienes los ojos de antes y si ver tú deseas

la bohemia del demiurgo

Una pequeña tierra es su telar. Donde danza el pulgar da el atardecer, y descansa vieja vista golondrina en las hebras de sol horadando la alameda. Por el río fue calmando su espíritu. Proejando, tuvo el pensamiento, mientras la tarde comenzaba a sangrar y el favonio a silbar bajito. Creó un pequeño niño -que sentó a su lado-; segundo la vela, y el luego fue el vino. Dejó dicho que lo despierten, al tercer día, y sucumbió en el jergón, complacido.

serenata

En el nublado día te nombro, lo demás ha de callarlo la alborada. Qué extraño es abajo cuando no estás mirando, y los ojos, de su serenata, abdican. Recito oculto en la sombra, y sucumbo al temblor que se interna como un vals triste. ¡Ah! cuantas volteretas te habrá concedido el aire, que ahora, al irse, mece el cortinaje, y traslada brioso tu atmósfera, maniatando el recato de cruzar toda azotea por vos.

manos frías

erbarme dich, mein Gott

Es cuando el Mundo se vuelve tan mundo, y un Dios se alza tan dios ... Cargo el transitar ambos costados, mas hay un medio estremecedor, que desampara la súplica, plena de nostalgia, y se place con la miseria del pábilo. Apiádate de mí, no he demorado en vano, y soy tan fiel a la causa como el más amado. Apiádate de mí entre los descreídos: aquellos que procuran el oír, a la vez de estar faltos de oídos. Y cuando el Mundo se vuelve tan mundo y un Dios se alza tan dios , cae otro hombre caído .