aleluya
Abrir la mano, el hueco blando,
para tener allí el sueño
hasta que acabe el canto
ventilado, incierto,
del árbol damasco
a sus tersas criaturas.
Despegar del suelo a los caídos,
a los que creen haber perdido
su lustre. ¡Que duerman conmigo!
Habrá tiempo de soltar las sogas
por vislumbrar al pequeño ser,
y ese manto, que no es día,
nos tendrá a todos.
Porque pura es la cepa,
y un canto bendito.

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