vos preferís des-aparecer por puro capricho, y estás convencida de haber encontrado la razón perfecta, el camino seguro, la madurez necesaria para des-ligarte, para des-andar cerrando los ojos, derribando con las manos todas las palabras que forman el castillo; ahora te levantás gastada porque hay episodios, profundo en tu sueño, que suenan como antes, como cuando te enamoraste, y te movés por un segundo a ese tiempo, en el que un beso por la mañana temprano, un beso que esperaba despierto, hacía el día apacible... es que el que se va del amor se cae de todo, vos sabés de lo que hablo; el amor te encuentra y una vez que te liga te hace aparecer, yo compuse esas palabras, fundé un castillo blanco por vos, porque apareciste, porque sos real desde entonces y una maravilla aleteando en el caos.
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escondites
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La sorprendí. Era una mujer que no quería ser vista. Se escondía justo entre la gente, que la disimulaba. Sospeché que una herida le concedía ese aire hermoso a su semblante, a sus pestañeos acompasados. Cualquiera hubiera pensado que en su mirada tañía una invitación. Ese no era el lugar, no era ella. Ella era una poesía magnífica, una gran composición de versos tristes. Palabras rasgadas la decían, salían y entraban por su pecho. Cuando intenté abrazarla, supe que no era mentira, todos somos el verso triste de alguien, la culpa, la noche vacía, la espera impotente que hostiga, cansa, desprende y cae, hojas descosidas, sonatas errantes, preguntas al dios impetuoso, bellos escondites.