escondites
La sorprendí.
Era una mujer
que no quería ser vista.
Se escondía
justo entre la gente,
que la disimulaba.
Sospeché que una herida
le concedía ese aire hermoso
a su semblante,
a sus pestañeos acompasados.
Cualquiera hubiera pensado
que en su mirada
tañía una invitación.
Ese no era el lugar,
no era ella.
Ella era una poesía magnífica,
una gran composición
de versos tristes.
Palabras rasgadas la decían,
salían y entraban por su pecho.
Cuando intenté abrazarla,
supe que no era mentira,
todos somos
el verso triste de alguien,
la culpa, la noche vacía,
la espera impotente
que hostiga, cansa,
desprende y cae,
hojas descosidas,
sonatas errantes,
preguntas al dios impetuoso,
bellos escondites.

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