Entradas

Mostrando las entradas de junio, 2014

los eternos pasillos de tu soledad

Umbrales desteñidos. Un hombre anda solo. Transita lento porque conoce el camino por el medio. Nunca ha cambiado de rumbo. Ni de ojos. El silencio, que punza los tímpanos hasta el túnel. Las cosas no lo tropiezan, le dan el paso. Se frenan a verlo tétrico. Hombre chungo frente al espejo. Se ha petrificado. Una puerta oscura le toma por muerto. Comienza su encanto. Espinoso. Viene de lejos. De un alma que siente pánico, se cree dejada y se apaga. Desconecta los ojos, que están espumosos. Se le vencen los brazos superpinchados y el reflejo del azulejo le da en las sienes. Engulle su espera porque la conoce hace treinta años. Avanza un guardapolvo por los ojos de aquél. Se acelera la mano que se hinchó de venas y se hunde en el pescuezo, el del otro. Ha conocido ese camino también. Dos rodillas caídas rebotan hasta la salida. Luego, se han entumecido. Las pupilas aparecen. Nítidas, dan su primer paseo.                  En este ...

tacet

Era una nube de polvo metiéndose en el mar. Un panal de abandono misteriosamente colgado en los techos. Dormía y se dejaba ver; luego se evadía quedamente. Una ciudadela fortificada hasta en sus cielos. Se movía entre las sombras pero era hermosa cuando un rumor de luz le tocaba por accidente. Prefería vestirse de seda y dormir sin desvestirse, y elegía las alturas para abrir los brazos, para efectuar su vuelo pesado, tardo, rapaz. Yo no hubiera hecho otra cosa que admirarle desde esta inercia, la que me obsequió. Pero me mordió los ojos, y (creo) se alejó con ellos.

z

Llegué a una estación vacía esperando a los perros que venían ninguneando con la cola y el tren ya había chocado que era lo único que quería ver chocó y dijeron que fue en cámara lenta que todos los pasajeros taparon las ventanas para que nos los vieran sangrando porque les daba vergüenza Que lástima  pensé porque no es algo que uno vea todos los días me abracé a un poste con mucha fuerza lo derribé sobre la frente de una viejita que pasaba se le doblaron los lentes por la mitad todos me aplaudieron sobresaltados escupí el piso desparramé mi saliva con el pie desnudo y me fui muriendo orgulloso de dicha proeza de haberle dado un aliciente a estos mundos ficticios

a mi fylgja (2)

Tú, guardiana del deseo ave que veo en su etéreo vuelo fijándote en mi centro, lo silencias invádeme tu imagen, descosida, virginal. ¡Ah! Hermana mía, santa y luminosa si alejándonos de inmediato halláramos el alba, dormiríamos juntos todas las noches, todos mis fríos. Ungiría despertando con tibias azucenas palmo a palmo tu desvanecido cuerpo y al nacer del sol tu ojo eterno brotaría acabando el miedo, destronando la sombra. Sabría la vida, el pecado, y a Dios y sabiendo, olvidaría para volver a ser.

co-incidencias

Imagen
¿En dónde he visto este sol  que ahora sale intimidado por mis ojos recién paridos?  El horizonte se hace equívoco  y una estela de sombras pajareras sobrevuelan su final.  ¿Por qué me siento un niño,  si estoy sentado bien adulto en el llano de la vida?  ¿Por qué me encuentro tibio  cuando todo está temblado y hasta el ruido escapa,  cuando no he terminado de caer?  En alguna parte he visto este sol  y él me ha conocido siempre. 

vértigo

Y ese día sentí tanta sangre apretada tanto ojo latiente tanto diente salido que me subí a la torre rompí su entrada y corrompí al mundo desde la ventana. Luego días como este que me duermo blandito en baldosas lloradas.

el camino primitivo

Sus ojos me señalan un camino primitivo una verdad que me narraron de pequeño Me suelto y me lanzo a caminar cuando soy en ellos cuando hacen de mí su memoria en la ausencia. La sonrisa perfecta, el respirar empañado las nubes cobrizas y el baño suave de la flor Vi la belleza y la conocí se repitió en mis demorados años. Volví al ocelo inerme en las sombras del sillón me esperaba para volverme tibio Llegué a su costa desde el norte donde me contuve todos aquellos años dócil a los giros del tiempo. La nostalgia del principio, los desagües al final la soledad que crece en el rincón y me anestesia en la sien Conocí el pesar cuando ya no la escuché Me demoró la edad de la vida aceptarlo.

cuando fui amor

Mi ridícula esperanza de ser como Dios. Legión de llantos despilfarrados en tierra por alcanzar el estatuto. Ahora mis cachetes se encuentran tiesos, salados, y no hay piedad en contra de mi resentimiento. Ni siquiera puedo ser viejo aún, como Dios. He nacido para desafiar. Donde todo es sol encontraré esos pozos de infierno; salgo de las sombras con el peso de ser humano. Sí. Tengo otra cara. Como Dios. No sólo que no escribo al amor, sino que le escribo a su ausencia, a su espejismo-de-ruta-ardiente, a la desazón de sentir el engaño de los reyes magos... que se han llevado hasta mis zapatos. Y yo, frío, ¡como Dios manda!

espejos mojados

Imagen
Avanzábamos de la mano en lo dorado de la colina, corriendo, penetrando nuestros pies por las hierbas crecidas, que lograron ocultarnos cuando caímos. No hubo otro movimiento que el de nuestro amor candente, eso y la mudez de la natura atónita frente al sublime sendero humano. Volvimos a mirar al techo alisado con el celeste de los ojos de Candela. Allí se fabricaron, dicen... Se extiende sobre nosotros y no sabemos si es la altura o si la profundidad, aunque al paraíso lo tenemos en nuestros cuerpos. Ni supimos de qué escapamos, y miramos lo pasado muchas veces sin modelar palabra alguna. Debíamos detenernos. Temía perderme, acostumbrado a la precisión de todos mis planes.  Me zambullí finalmente en la misma inconsciente felicidad que cargabas en tus labios. Pensé y quise decirte que te amo en ese instante, pero la permanente ambición del corazón humano de apoderarse del siempre y el nunca me alarmaron, y me negué a darle cabida.  No hay respuestas. Nos hem...

ojos de amor

y ella es gris cuando tiene los ojos secos

Imagen
Vienen a amarme, pero no lo soporto  su luz es fría sobre mi esquina pordiosera  y ella es gris cuando tiene los ojos secos  Entonces no quiero la lluvia, ¡que caiga lejos!  No me cierres los ojos justo cuando estás soñando  déjame ser de tu boca y volverme viejo  impregnado en el casi-lunar de tu cachete izquierdo  No me mires de cerca mientras muero llorando  en tu falda y en tus manos, ni me mires de arriba  rómpeme los huesos y enseguida cierra tu puerta  Hay silencio pero sigo existiendo. 

mi flor durmiente

Nació mi flor. Justo cuando anochecían fríamente mis días nació solita y se hace vigorosa y colorida. Ha adquirido la habilidad de erguirse cada mañana, cuando el sol la ha mirado y cuando ni siquiera ha tocado a su ventana, y de plasmar sus sonrisas brillosas como garabatos casi perfectos. Se descubren recorriendo las habitaciones y colmándolas de un aroma memorable. Te duermen los ojos y te llevan a un lugar que no conocés. Te abren los ojos para que la veas frente a vos y te enamorés de ella. Es ese aroma el de su piel, que distingo aislado desde una casta cama a mil kilómetros de soledad. Lo conocí cuando le rocé el pecho. Se adentró por mis besos recorriéndome como una savia, reverdeciendo cada ceniza de los años. Mi respiración se fugó y su aire me despertó en un jardín de duraznos en flor. Vivimos eternidades allí impregnados de rocío tibio, cuando las sonrisas evocaban dos bellas aguadas en su rostro, y por los estremecimientos de aquellos inofensivos mordiscos se sumergían n...

capricho

se escondió bajo la mesa cuando señalaron sus faltas y exclamó ofendido "¡ahora no me podrán alcanzar!" de inmediato volteó como poseído desde su espalda y aquél hombre lo espiaba desde el espejo.

las manos quietas

la última vez lo vi mirando lejos varado junto a la ventana aunque no reparé en su cara entendí su pensamiento turbulento tuberculoso medicado hasta en las zonas claras la última vez lo vi y tenía las manos quietas falseadas de trabajar duro lloradas como el sauce caídas como la sombra vencidas como la madre que parió una bolsa quise leerlas cantar sus épocas de gloria quitarles la tierra los escombros los pedazos de escoria se sentó sin decirse a mirarse a verse las manos piedras talladas piedras tullidas piedras al fin cuando no respiró se fue como el río lo quedé mirando hasta que lo perdí de vista me imaginé llamándolo desde una esquina y como aquella habitación con las puertas entornadas su muerte fue el único secreto que no me animé a franquear

de cuando me quité la vida

Estoy en blanco. Igual mi pierna tiembla. Paso inadvertido en este cobertizo dionisíaco, pero me dan paz, y no me piden nada a cambio. Lloran los sauces sobre mí como nunca han llorado. Yo, callo (quiero llorar mas su llanto es sagrado). El silencio ha sido mi mayor regalo, el del cielo. Me abduce el rayo de sol y luego me suelta en el agua. Se muestra mi imagen invadida –profanada- por la corriente. Mi pensamiento también. Caigo con los párpados envenenados de sueño. Todo se detiene. Aun mi corazón galopante. No habrá más luz para mí.

noches caducas

La miré mientras yacía en su vasto sueño. La impavidez se trazaba en el filo de sus ojos cerrados. “Completamente indefensa” murmuré. Tracé mis recorridos por su inmaculado cuerpo como si fuera un mar y yo su habituado navegante, y me dispuse a hundirme en ella tanto como se me permitiera, en el vacilar de las madrugadas. La noche se hizo larga contemplándola. Solo se interponían en mi concentración unos ruidos sordos de hojas errantes marchando junto al viento, que no lograron desviarme de su piel desnuda, culpable de mi intensa obsesión por poseerla. Sus parpados al fin desvistieron esas hermosas pupilas en las que me ahogaría por mucho tiempo. Todo se volvía cálido con sus manos exigiéndome que bajara hasta sus labios. Noche que se repetía por las noches durante vaya a saber uno. Me lancé detrás suyo aferrándome; una de esas pretensiones ilusorias de perpetuar las cosas, pero el tiempo se encargaría de hacernos ver su mejor talento. Es que él nunca tuvo una mujer como ella. Mi c...

nuestro espacio

Nuestro espacio fue hace tiempo en la estación, en los capullos; todo el resto fue renguera en nuestras voces. Se te olvide para rato el recuerdo, los jardines; se extinga junto al viento el parpadeo perpetuo.

las caridades suplentes

Imagen
Salís a la calle, amenazada por la impuntualidad. En la velocidad que han descubierto tus pasos rojos, sólo está escrito un prestíssimo, marcado por los tacos finamente trabajados de tus zapatos costosos. Por allí, desconocidas, manchan el suelo estéril de cemento unas hojas caídas, que se desplomaron solitarias, brutalmente empujadas por el viento que las terminó aislando de sus vecindades. Esa caída provocada únicamente por los aletargados años, la sequedad y un tinte amarronado, es la estampilla al desprecio, el desprecio de lo viejo y la dedicación absoluta al por venir, siempre prometedor.  ¡Como esperanzan tus pasos! Se oyen reverberados arrimándose para levantarlas en el último vuelo de su fugaz vida. No para eso, ya lo sé, pero lograrán elevarse sin fuerza, a la vista de nadie, por una marcha dedicada a otro asunto. Aun así tu fuerza las contagia suficientemente, dejándose dominar por el afán de regresar a su árbol: al que les dió la vida.  Ahora las ...

a mi fylgja

Imagen
Vénceme como aquella vez  en que rodamos los girasoles juntos,  y tú, pequeña, nunca tan segura como fuiste,  me dijiste que eso era un sueño.  Suéñame, hazlo sencillamente,  con mis rostros descubiertos y en tus alas tan finitas,  al regreso de mis guerras álgidas,  te daré una flor eterna.  Bésame y calla.  Bésame y no dejes nada muerto,  si es en tu pecho abundante,  si tu alma ha reinado al tiempo.  Después de todo moriré,  más será embellecido de tu amor. 

y el árbol se ha quedado quieto

Imagen
Enfrente de mí hay un papel nublado  y en él el árbol se ha quedado quieto  esperando que la vida le dibuje pequeños nietos  que rían de lejos como flautines dulces  y se apoderen del último amor de su espíritu. 

los días para volver

(para mi Choele Choel) Hoy voy a imaginar que estoy ahí. Es pura la noche. Recibo los rezos ancestrales del río que ha ganado mis pies. No hay olas, arena, sombrillas de gente transitoria. Me senté en las piedras, sembradas hasta en el orgullo de las aguas. Yo soy de ahí. Más de una vez me ahogué para no poder ver el sol. Ahora tampoco está, porque son las cinco... y en la madrugada nadie lo mira. Estoy seguro que sos mi lugar. Conté los días para volverme y volvernos viejos amigos. He dicho tu nombre cuando flotaba sobre otras aguas. Expliqué qué fue de tu historia y a cuántas madres les desgarraron los pechos cuando les sacaron sus esclavas criaturas. Tu etimología indefinida me ha servido de excusa para ensayar nuevos significados ante mi público atento. Recuerdo haber enseñado la pronunciación, y cómo lo dijo cierta señora canadiense aquella vez, que haciéndosele difícil, culminó sus intentos con unas palabrotas que me hacen pensar en alguna danza primitiv...