los eternos pasillos de tu soledad
Umbrales desteñidos. Un hombre anda solo. Transita lento porque conoce el camino por el medio. Nunca ha cambiado de rumbo. Ni de ojos. El silencio, que punza los tímpanos hasta el túnel. Las cosas no lo tropiezan, le dan el paso. Se frenan a verlo tétrico. Hombre chungo frente al espejo. Se ha petrificado. Una puerta oscura le toma por muerto. Comienza su encanto. Espinoso. Viene de lejos. De un alma que siente pánico, se cree dejada y se apaga. Desconecta los ojos, que están espumosos. Se le vencen los brazos superpinchados y el reflejo del azulejo le da en las sienes. Engulle su espera porque la conoce hace treinta años. Avanza un guardapolvo por los ojos de aquél. Se acelera la mano que se hinchó de venas y se hunde en el pescuezo, el del otro. Ha conocido ese camino también. Dos rodillas caídas rebotan hasta la salida. Luego, se han entumecido. Las pupilas aparecen. Nítidas, dan su primer paseo. En este ...