cuando fui amor

Mi ridícula esperanza de ser como Dios.
Legión de llantos despilfarrados en tierra por alcanzar el estatuto. Ahora mis cachetes se encuentran tiesos, salados, y no hay piedad en contra de mi resentimiento.
Ni siquiera puedo ser viejo aún, como Dios.
He nacido para desafiar. Donde todo es sol encontraré esos pozos de infierno; salgo de las sombras con el peso de ser humano.
Sí. Tengo otra cara. Como Dios.
No sólo que no escribo al amor, sino que le escribo a su ausencia, a su espejismo-de-ruta-ardiente, a la desazón de sentir el engaño de los reyes magos... que se han llevado hasta mis zapatos.
Y yo, frío, ¡como Dios manda!

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