a mi fylgja

Vénceme como aquella vez 
en que rodamos los girasoles juntos, 
y tú, pequeña, nunca tan segura como fuiste, 
me dijiste que eso era un sueño. 

Suéñame, hazlo sencillamente, 
con mis rostros descubiertos y en tus alas tan finitas, 
al regreso de mis guerras álgidas, 
te daré una flor eterna. 

Bésame y calla. 
Bésame y no dejes nada muerto, 
si es en tu pecho abundante, 
si tu alma ha reinado al tiempo. 

Después de todo moriré, 
más será embellecido de tu amor. 

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