la bohemia del demiurgo

Una pequeña tierra es su telar.
Donde danza el pulgar da el atardecer,
y descansa vieja vista golondrina
en las hebras de sol horadando la alameda.

Por el río fue calmando su espíritu.
Proejando, tuvo el pensamiento,
mientras la tarde comenzaba a sangrar
y el favonio a silbar bajito.

Creó un pequeño niño -que sentó a su lado-;
segundo la vela, y el luego fue el vino.
Dejó dicho que lo despierten, al tercer día,
y sucumbió en el jergón, complacido.

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