de regreso
Veo en el agua tranquila esa bondad celestial,
cual colchón de amaneceres crecidos;
tal vez su piel ya estaba incluída en mis sueños.
Veo mis pies formados de tierra,
desfallecidos por volver a ella,
a ese invierno de caramelo
zambullidos en la cama.
Veo sus parpados abiertos
como dos pimpollos amantes,
y ese es mi final, este final,
de ninguna manera desierto,
mas bien colmado de pétalos azules
que nos miman,
brisa dulce en la calma de la tarde,
y el calor de sus besos enamorados
agradeciendo mi regreso.

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