serenata

En el nublado día te nombro,
lo demás ha de callarlo la alborada.
Qué extraño es abajo
cuando no estás mirando,
y los ojos, de su serenata, abdican.

Recito oculto en la sombra,
y sucumbo al temblor
que se interna como un vals triste.
¡Ah! cuantas volteretas te habrá concedido el aire,
que ahora, al irse, mece el cortinaje,
y traslada brioso tu atmósfera,
maniatando el recato
de cruzar toda azotea por vos.

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