costado de mujer
Despierta.
He acomodado mi frío,
mi rareza y mi conmoción,
en el ala izquierda de tu bondadosa figura,
y el sol, ¡ah! el sol se ha vuelto atardecer
sin que nos diéramos cuenta.
Si despiertas verás que no hay engaño,
que soy únicamente yo,
y el romance de un verano
que me sigue haciendo efecto.
Despierta
y no acobardes tus ojos.
Siémbralos en la faz de la almohada,
como antaño me los entregaste,
en las palomas del miedo,
con esa lumbre y esa espera.
Escribo,
para tener el pulso necesario,
para rasgar los abrazos que cuelgan todavía,
para despertar diciéndote el secreto;
escribo, decidiendo con las manos,
tu costado de mujer.
He acomodado mi frío,
mi rareza y mi conmoción,
en el ala izquierda de tu bondadosa figura,
y el sol, ¡ah! el sol se ha vuelto atardecer
sin que nos diéramos cuenta.
Si despiertas verás que no hay engaño,
que soy únicamente yo,
y el romance de un verano
que me sigue haciendo efecto.
Despierta
y no acobardes tus ojos.
Siémbralos en la faz de la almohada,
como antaño me los entregaste,
en las palomas del miedo,
con esa lumbre y esa espera.
Escribo,
para tener el pulso necesario,
para rasgar los abrazos que cuelgan todavía,
para despertar diciéndote el secreto;
escribo, decidiendo con las manos,
tu costado de mujer.
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