vanidemos

Daré otro cuerpo a las envolturas
que se queme del frío,
mas el mío abrazará el alcohol del mundo
y gozará de perfecta embriaguez.

Aquella mujer removió mis hojas
me soltó sus pechos tan hartos de vida
hasta viciar mis ojos lactantes.
No puedo irme más por su cabello
merodea mis derroteros al viento
y deja estelas de ardor a mi sexo.

Ya observaste todo, reprocha,
me dice que no hay nada nuevo.
Yo encuentro un depresivo ojo
que allí no estaba, y
del que no habló el Predicador.

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