la afrenta de una soledad suelta

Si a esta soledad debo de cruzarla a nado,
volveré a sentir las cosquillas en la frente
pero el sol no cambiará más nada que la piel,
y eso está bien por ahora.

Mi pensamiento es precoz.
No así mis brazos que temen,
se contraen por cariño y,
asustados y sudados,
viejos y roídos,
recuerdan el valor de un abrazo costero.

La hoja que ha seguido en blanco unos cuantos días,
es la isla más bella que tengo,
y aunque creo saberla de memoria,
ahora temo estar hundido
en la rima de un poema antiguo.

Sigue sin venir. La calma.
me ha dicho que la espere llegar
en este centro turbulento.
Pero me pierdo.
No encuentro más de mí
que una leve mácula,
al sol.

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