el pozo, el laberinto y el paraíso

Las palabras me nacieron aquella tarde
se formaron solas como una bandada de pájaros 
tantas veces las quise escribir sin fruto

pero ahora tenía un pozo enorme
oscuro y funesto abriéndose camino
en lo que algunos solemos llamar alma

No contaban nada de un cielo atardeciendo  
ni de un bosque mágico de tamariscos y madreselvas
no decían nada de la felicidad

Luego supe que juntas formaban un canto   una poesía 
yo sentía mi pozo rebalsado
ardiendo en palabras   imágenes y sueños

era joven   mis preocupaciones eran jóvenes también
tenía una piel virgen   inmaculada 
y mis ojos creían en los milagros

Supe que era la forma de alcanzar los recuerdos
de palpar la multitud de momentos acabados
y encontrar el espacio entre los tiempos

en unos conocía distintos significados 
otras alturas otra perspectiva me eran reveladas 
en otros me sentí culpable y también redimido 

una nube desvanecía algunos pasajes 
y a veces un laberinto mohoso 
complejizaba mi retorno 

En una ocasión llegué sangrando a la escritura 
las palabras y la sangre brotaban de mí
a la misma velocidad en iguales cantidades 

vaciándome   convirtiéndome 
en un espíritu más sensato 
menos atormentado 

No tengo lágrimas retenidas 
no sufro temblores 
todo lo que emana es la palabra  

que sube y se desperdiga 
que nunca se marchita 
conserva su tiempo y su verdad 

y tiene aglomerado en sí 
todo lo que se pensó y pronunció  
el origen y la extinción 

Mi pozo no se detiene 
a veces aparenta un país lejano 
a veces una tormenta indecible 

nunca lo sentí serenarse 
ni dejar de mostrarme palabras indigestas  
ecos de voces desaparecidas 

pero yo ansío asomarme 
en una madrugada mansa 
desde una poesía como ésta 

y encontrar un paraíso  

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