ya es invierno

en lo profundo 
como pasando la zona iluminada 
y llegando a una especie de descanso oscuro 
una buhardilla impenetrable 
en donde habitan las memorias 
y los soles de la infancia 

hay también un velador roto 
con las luces desvanecidas  
que plantean una pose extraordinaria 
frente a lo desconocido 

hay que cerrar los ojos 
tener paciencia con la noche 
desinflar el pecho
hasta que el aire se una con el aire 
  
abrirlo después y abrir con él los ojos  
sin apurarse pero con empeño 
para que la vista atienda   
de una vez por todas 
a las estrellas que estelan por ahí 

ellas no están en la ciudad 
ellas no se visten de otras miradas 
ellas son preguntas continuas  
preguntas que se han dado por hecho 
y que al intentar aclarar  
siempre ahondan la existencia 

a veces me digo 
que es una desgracia y una bendición 
tener un universo tan grande 
dentro de uno mismo  
como para insistir en querer bucear 
el universo del otro 

a no ser 
que en ese bucear 
aprendamos a amar de verdad 

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