figuras en la tierra


No es una noche más;
es una noche de luna,
pero las cosas se ocultan constantemente;
una noche de nubes
que escapan por el cielo;
con este, tengo treinta años,
estoy solo, sentado afuera,
en el patio oscuro, la ciudad invisible,
y la única luz prendida
es la brasa de mi cigarrillo armado,
que dosifica lento y pausado
su amargor por mi garganta,
como otras veces se desprendieron
el rencor, la impotencia, el hastío.

No es una noche más, 
he salido a toparme
con el cielo a punto de romperse,
y con recuerdos indefinidos,
no tengo hambre ni sueño,
pero un alma que repite figuras,
garabatos con el dedo,
en la tierra y en el aire.

Evoco otras noches como ésta,
no son muchas y sucedieron esporádicamente
pero no se desvanecieron jamás.
Guardan un parecido, un tono común,
las veo y las ordeno:
sé qué pensaba,
sé cuáles líneas se formaron esas noches,
conozco los ecos, las mentiras,
hasta el ritmo de los pensares.

O sea que hoy,
aunque me vaya a acostar
como todas las noches,
aunque me duerma preguntándome
"¿y al final?",
aunque mañana "tengo cosas que hacer",
no es una noche como las demás,
eso lo sabe también la gente que regresa,
o recibe la peor de las noticias,
o decide abandonar por cansancio, 
o descubre, justo ahora y, 
pese a todas las explicaciones, 
que ama.

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