el viejo mundo

el viejo mundo
en el que vos y yo
talábamos nubes silvestres
modelando cielos en miniatura
ocasos lunares en el mar
infinitas playas de noctilucas

se vuelve a decir
dulce inocente y atemporal
tan grande es en la nostalgia
se extiende como un deseo
desde donde la vista puede ver
y hasta donde la vista no podía

por algún motivo el corazón
en suspenso siguió guardándolo
no está llorando ni sangra
no se ha vuelto verde oscuro
tampoco tiene aire de tango

sólo padece esta enfermedad
de crear habitaciones bonitas
a partir de estelas moribundas
diseminarlas por el techo
a punto de extinguirse
e imprimir en ellas
el vicio perenne
de volver

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