vienen los versículos . van los remolinos . desde los ojos hasta la memoria
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tengo ganas de tenerte cerquita
ando con esa necesidad a flor de piel
disfrazada de seriedad
de individuo solo
pero te quiero conmigo
te veo conmigo
cuando apago los ojos
cuando pronuncio el mañana
La miré mientras yacía en su vasto sueño. La impavidez se trazaba en el filo de sus ojos cerrados. “Completamente indefensa” murmuré. Tracé mis recorridos por su inmaculado cuerpo como si fuera un mar y yo su habituado navegante, y me dispuse a hundirme en ella tanto como se me permitiera, en el vacilar de las madrugadas. La noche se hizo larga contemplándola. Solo se interponían en mi concentración unos ruidos sordos de hojas errantes marchando junto al viento, que no lograron desviarme de su piel desnuda, culpable de mi intensa obsesión por poseerla. Sus parpados al fin desvistieron esas hermosas pupilas en las que me ahogaría por mucho tiempo. Todo se volvía cálido con sus manos exigiéndome que bajara hasta sus labios. Noche que se repetía por las noches durante vaya a saber uno. Me lancé detrás suyo aferrándome; una de esas pretensiones ilusorias de perpetuar las cosas, pero el tiempo se encargaría de hacernos ver su mejor talento. Es que él nunca tuvo una mujer como ella. Mi c...
Quisiera morir con el amor a mi lado. Mirar por última vez, y rendirme a la ignorancia, volver a beber de sus ríos para caer en el olvido, aunque eternamente sospeche de haberlo bebido. Quisiera vivir para asegurarle que existo, y que lo hago por su espera. Regresaré y brotaremos juntos, hasta que una mirada nos vuelva a embriagar, hasta que el silencio a mis espaldas, me lleve la vida. No temeré a su salida, ni tendré miedo a quedarme frío. Y partiré hacia el sol buscándome en el vuelo. balbuceando caeré con las sobras del soneto en desuso. No me hallarán ya como antes, envejecido junto a la tarde. Seré para quienes han caminado hasta el fin, para los que se perdieron conmigo.
Reza la blanca calavera, Reza alto y viendo al mundo, con manos quietas, el corazón encendido de rabia divina y redentora misericordia. Piensa en las dos baldosas que lo distinguen del negro que tiene detrás, sentado en el suelo con el culo frío, el cuero en piedra, el corazón encendido y las manos quietas. Reza que no se pierda mas tenga vida eterna piensa que al menos pedirá en calle de perlas de seguro el sr. Salvado no dará ya con reserva y contento con su ceguera, caminó rezando, pero tapándose el pecho.
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