me vino la sombra
húmeda de antaño
pensaba en tus intentos
en tu presente blanco
en la posibilidad de elegir
de no llegar de irse
y otra vez
no tengo opción
porque te extraño
me trae me lleva
una insinuación
tu boca árida
extraviada
ahora
y al principio
noches caducas
La miré mientras yacía en su vasto sueño. La impavidez se trazaba en el filo de sus ojos cerrados. “Completamente indefensa” murmuré. Tracé mis recorridos por su inmaculado cuerpo como si fuera un mar y yo su habituado navegante, y me dispuse a hundirme en ella tanto como se me permitiera, en el vacilar de las madrugadas. La noche se hizo larga contemplándola. Solo se interponían en mi concentración unos ruidos sordos de hojas errantes marchando junto al viento, que no lograron desviarme de su piel desnuda, culpable de mi intensa obsesión por poseerla. Sus parpados al fin desvistieron esas hermosas pupilas en las que me ahogaría por mucho tiempo. Todo se volvía cálido con sus manos exigiéndome que bajara hasta sus labios. Noche que se repetía por las noches durante vaya a saber uno. Me lancé detrás suyo aferrándome; una de esas pretensiones ilusorias de perpetuar las cosas, pero el tiempo se encargaría de hacernos ver su mejor talento. Es que él nunca tuvo una mujer como ella. Mi c...
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