Si ella duerme, todo duerme;
la música de mi guitarra,
o mis manos, o mis ganas,
se acostaron con ella,
y entonces tuve ganas de ella.
Pero duerme, y yo no.
Yo no tengo sueño, y ella es blanca,
como el no se qué.
Blanca, como
todas las cosas que son blancas,
pero más bonita y dormida.
Ahora, mientras sirvo el té,
debe estar teniendo
un plácido sueño
en ese cabello recogido
de guirnaldas libres,
de hojas verdes, revoltosas;
y mientras sorbo el té y me quemo,
debe estar saliendo por una ventana
a la pradera más utópica,
para correr desnuda,
para bailar divertida,
en un chorro de nubes
no tan puras como ella;
y a medida que pervierte la almohada,
fustiga con su falda la manta
y gime,
se desparraman las hebras,
del saquito que actuó en mi contra,
y ya no puedo tomar nada:
yo me refriego la nariz, la barba y el pelo grasos,
pero ella es feliz en mi cama.
la música de mi guitarra,
o mis manos, o mis ganas,
se acostaron con ella,
y entonces tuve ganas de ella.
Pero duerme, y yo no.
Yo no tengo sueño, y ella es blanca,
como el no se qué.
Blanca, como
todas las cosas que son blancas,
pero más bonita y dormida.
Ahora, mientras sirvo el té,
debe estar teniendo
un plácido sueño
en ese cabello recogido
de guirnaldas libres,
de hojas verdes, revoltosas;
y mientras sorbo el té y me quemo,
debe estar saliendo por una ventana
a la pradera más utópica,
para correr desnuda,
para bailar divertida,
en un chorro de nubes
no tan puras como ella;
y a medida que pervierte la almohada,
fustiga con su falda la manta
y gime,
se desparraman las hebras,
del saquito que actuó en mi contra,
y ya no puedo tomar nada:
yo me refriego la nariz, la barba y el pelo grasos,
pero ella es feliz en mi cama.
Comentarios
Publicar un comentario