el francés
Vengo de pequeño comerciando amigos, pero a este fiel no lo diferencio de mí. Es alto y fornido, tiene bigotes rizos que hacen acrobacias cuando corre -él corre mucho- y yo me divierto de él. Mis padres no creyeron cuando les narré nuestro encuentro, y rieron piadosamente mirándose entre sí.
Hemos caminado muchos pasillos, nos reunimos con los perros que espían, y cazamos lunas y cosas que brillen. En aquél tiempo era más alto que yo, hasta se mofaba de ello, pero me faltó crecer, para que seamos iguales y nos empujemos con la misma fuerza, aunque yo no tenga bigotes.
Lo más real de una amistad es él: el francés, mi perro imaginario.
Hemos caminado muchos pasillos, nos reunimos con los perros que espían, y cazamos lunas y cosas que brillen. En aquél tiempo era más alto que yo, hasta se mofaba de ello, pero me faltó crecer, para que seamos iguales y nos empujemos con la misma fuerza, aunque yo no tenga bigotes.
Lo más real de una amistad es él: el francés, mi perro imaginario.
Te faltó decir, que entre sus bigotes, ya se asoman unos pelitos blancos...
ResponderBorrar