del peregrino y su rastro

Estoy caído en una calle sin ramas.
Me ha anunciado tu campana que anduviste cerca,
que me espiaste durmiendo y me viste
con las mujeres que no se nombran.
Vos eras mi amuleto suspendido en las ventanas,
y el nombre de todas mis cosas:
vos eras las primeras y las íntimas.
Pero el amor se ofrece a los coincidentes,
y con el paso del tiempo dejé de confiar en su quietud.
Me desespero por el ave que vuela,
y lo que entrega parece santo;
parece tanto como el mundo,
parece como vos y como yo,
en imágenes.

Desde mis espaldas se crea el remolino.
Visualicé la rama y la espera;
soy el peregrino que despierta
y con esa nimiedad funda su juego.
Encontré un destino también,
-tarea esencial del hombre-
y aún más allá te tuve en la ventana:
parecías mía.

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