asilo mental
El asilo fue levantado por mi abuela, por mi padre, por mí. Cómo entré en él, no lo sé, pero estoy seguro que de muy niño.
En aquél tiempo ya no jugaban los amigos. Corrieron cuando esas olas amenazaron con demoler mi castillo -del que me envanecí frente a todos-. Igual te defendí corazón, a pesar de no saber la resistencia de tus materiales.
Continué el muro erguido... Trazaba una línea recta hasta perderla arriba. Tenía que acostarme en el pasto para enlazar los ojos a su flecha. Luego mi vista seguía hasta la luz y no tardaba en quedar ciego por algún novenario.
Mi padre vino con la plomada un día, luego de mi ceguera. Él sabía que no podía verlo todo -¡es que yo era tan pequeño!-. Su sombra dividió mis ojos: "Aprende la justicia", me dijo, y yo aprendí a tachar los desvíos, las malas palabras, el humo del cigarrillo. Soñaba con caramelos y despertaba pidiendo el martirio, hasta cortar, con bronca, el barrilete que anclaba cada noche a mi cama.
Había amado el refugio, pero el cielo oloroso a lluvia me llamaba a correr desnudo.
Títere del demonio me creí, clamé por ayuda. Yo nací deficiente, pobre padre, me quedaban grandes sus ideales. La pirueta se me enredó entre las piernas y solamente quería ser el gigante para aplastarlo todo.
Hasta que fui enorme y opté por un solo ojo, porque más no quise ver.
En aquél tiempo ya no jugaban los amigos. Corrieron cuando esas olas amenazaron con demoler mi castillo -del que me envanecí frente a todos-. Igual te defendí corazón, a pesar de no saber la resistencia de tus materiales.
Continué el muro erguido... Trazaba una línea recta hasta perderla arriba. Tenía que acostarme en el pasto para enlazar los ojos a su flecha. Luego mi vista seguía hasta la luz y no tardaba en quedar ciego por algún novenario.
Mi padre vino con la plomada un día, luego de mi ceguera. Él sabía que no podía verlo todo -¡es que yo era tan pequeño!-. Su sombra dividió mis ojos: "Aprende la justicia", me dijo, y yo aprendí a tachar los desvíos, las malas palabras, el humo del cigarrillo. Soñaba con caramelos y despertaba pidiendo el martirio, hasta cortar, con bronca, el barrilete que anclaba cada noche a mi cama.
Había amado el refugio, pero el cielo oloroso a lluvia me llamaba a correr desnudo.
Títere del demonio me creí, clamé por ayuda. Yo nací deficiente, pobre padre, me quedaban grandes sus ideales. La pirueta se me enredó entre las piernas y solamente quería ser el gigante para aplastarlo todo.
Hasta que fui enorme y opté por un solo ojo, porque más no quise ver.
Me gustó, sentí libertad. Podría ser la infancia de Goliat.
ResponderBorrarGoliat y su infancia pues :)
ResponderBorrarMuy Lindo querido amigo de un ojo...Un Abrazo Grande...Espero verte en Agosto...;)
ResponderBorrarSi, querido amigo de dos ojos, espero mirarte desde arriba pronto! :D
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