los días para volver

(para mi Choele Choel)

Hoy voy a imaginar que estoy ahí.

Es pura la noche. Recibo los rezos ancestrales del río que ha ganado mis pies. No hay olas, arena, sombrillas de gente transitoria.
Me senté en las piedras, sembradas hasta en el orgullo de las aguas. Yo soy de ahí. Más de una vez me ahogué para no poder ver el sol. Ahora tampoco está, porque son las cinco... y en la madrugada nadie lo mira.

Estoy seguro que sos mi lugar. Conté los días para volverme y volvernos viejos amigos. He dicho tu nombre cuando flotaba sobre otras aguas. Expliqué qué fue de tu historia y a cuántas madres les desgarraron los pechos cuando les sacaron sus esclavas criaturas. Tu etimología indefinida me ha servido de excusa para ensayar nuevos significados ante mi público atento. Recuerdo haber enseñado la pronunciación, y cómo lo dijo cierta señora canadiense aquella vez, que haciéndosele difícil, culminó sus intentos con unas palabrotas que me hacen pensar en alguna danza primitiva. Primitivo es tu nombre… lo único que queda, y es auténtico.

No es difícil encontrarte pueblo querido. Te he visto hundiéndote en el desierto, arrimado a la corriente eterna de las aguas. Te he visto encender las luces por hileras y te vi durmiendo serenamente.
Siempre agarro un palito y escribo en tus tierras mis lágrimas-de-extrañarte-tanto que traje en el bolsillo desde muy lejos.

Cuántas veces, de joven, me senté en el cartel de la entrada, recostado en la C de tu nombre, y apunté al norte llamándolo con ansias. Cada vez que te vuelvo a ver, me veo sentado siendo niño, un niño que me delata y me reprocha a dónde me había ido.

Te pregunto honestamente:
Y ¿qué será lo que me trajo acá? ¿Mis padres y su absoluta libertad para decidir sobre mis días? ¿Algún destino escrito por el demiurgo de este mundo nuestro? ¿El olorcito a tuco y las voces murmurantes de los domingos a la mañana?

No lo sé todavía, pero escuchame aún algo más: 
¡Que tus calles no se tornen destiladoras de cuerpos jóvenes desparramados! ¡Que los  centenares de dientes de león de tu isla se vuelen, colmen el cielo, y ciñan los surcos sangrantes de tu pasado! ¡Que tus hijos no dejen de saludarse y mirarse a los ojos con el afecto fraterno o con el odio infantil! ¡Que el aroma a tortas fritas de los días nublados simbolice esa buena vecindad de mi tierra natal!

Vuelo por tu aire, entre tus álamos retoños y pinos abuelos, y llego a la triste barda de la despedida. Me doy la vuelta a mirarte amaneciendo. ¡Cómo corren las sombras! Te prometo el “hasta pronto” niño de la C. Hasta cuando vuelva a imaginar que estuve ahí.

Comentarios

  1. Me encanto, es hermoso...Te traslada a esos lugares que mencionas, y aunque no los conozco, crean el sentimiento de querer estar ahí.... Besos Gian!! Loren ;)

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    Respuestas
    1. gracias por pasarte Loren! seguro que algún lugar de los que has estado te enciende ese fuego interno como a mi Choele.

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  2. Que lindo Gian! se lee la nostalgia con que escribiste! hasta contagia, sin siquiera conocer la C! ;)

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