las caridades suplentes

Salís a la calle, amenazada por la impuntualidad. En la velocidad que han descubierto tus pasos rojos, sólo está escrito un prestíssimo, marcado por los tacos finamente trabajados de tus zapatos costosos. Por allí, desconocidas, manchan el suelo estéril de cemento unas hojas caídas, que se desplomaron solitarias, brutalmente empujadas por el viento que las terminó aislando de sus vecindades. Esa caída provocada únicamente por los aletargados años, la sequedad y un tinte amarronado, es la estampilla al desprecio, el desprecio de lo viejo y la dedicación absoluta al por venir, siempre prometedor. 

¡Como esperanzan tus pasos! Se oyen reverberados arrimándose para levantarlas en el último vuelo de su fugaz vida. No para eso, ya lo sé, pero lograrán elevarse sin fuerza, a la vista de nadie, por una marcha dedicada a otro asunto. Aun así tu fuerza las contagia suficientemente, dejándose dominar por el afán de regresar a su árbol: al que les dió la vida. 

Ahora las enrolló un remolino huérfano que se voltea centrípetamente, y sienten que no existe nada que las contenga. Se necesita una pausa en tan glorioso espectáculo para contemplarlo minuciosamente: las corrientes del aire han comenzado desde el suelo a alzarlas con delicadeza, un haz luminoso crea el resplandor dorado detrás de sus suspendidos viajes, y ellas bailando distendidas, sin perder el ritmo que la brisa ha comenzado a silbar, mueren de felicidad lloviendo sobre el cordón de la vereda.


Comentarios

  1. Q bello!!! Q linda forma de observar y describir la hermosa naturaleza, la belleza de lo simple...del Otoño!! Me estoy haciendo fan de tu Blog ;) ...vamos a seguir leyéndote... :) Loren

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. jaja muchas gracias Loren! la belleza en lo simple, totalmente de acuerdo..

      Borrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

noches caducas

quisiera morir con el amor a mi lado

dos baldosas