a mi fylgja (2)

Tú, guardiana del deseo
ave que veo en su etéreo vuelo
fijándote en mi centro, lo silencias
invádeme tu imagen, descosida, virginal.

¡Ah! Hermana mía, santa y luminosa
si alejándonos de inmediato
halláramos el alba, dormiríamos juntos
todas las noches, todos mis fríos.

Ungiría despertando con tibias azucenas
palmo a palmo tu desvanecido cuerpo
y al nacer del sol tu ojo eterno brotaría
acabando el miedo, destronando la sombra.

Sabría la vida, el pecado, y a Dios
y sabiendo, olvidaría
para volver a ser.

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